¿Alegres? Cuando esa alegría es patología…

Sí, la alegría también puede ser patológica. Ese estado de humor en el que el paciente permanece eufórico e hiperactivo de una forma muy característica. Subjetivamente, el individuo se siente lleno de energía y capacidad, optimista y con una autoestima elevada, y, objetivamente, ese mismo individuo aparece expansivo y con una viva reactividad afectiva y tendencia a la hilaridad, que fácilmente puede convertirse en ironía y agresividad cuando se le contradice. La atención es viva, y el discurso se caracteriza por verborrea, que puede llegar incluso a la fuga de ideas. Junto a esta hipertonía psíquica encontramos un estado de hiperactividad motora y menor necesidad de sueño, con un comportamiento social desinhibido que puede estar acompañado de grandes gastos económicos, imprudencia o indiscreciones.

Estos síntomas descritos aparecen habitualmente en:

  • Episodios maníacos de la psicosis maníaco-depresiva. Suelen darse habitualmente sin motivo evidente que desencadene el episodio.
  • En personalidades neuróticas en las que pueden aparecer relaciones hipomaníacas ligeras. En estos casos sí solemos apreciar una relación entre eventos vitales y la reacción afectiva.  
  • En la esquizofrenia pueden darse cuadros maniformes. En este caso, la taquipsiquia carece de viveza en las asociaciones y se asemeja más a una pseudofuga de ideas. En el cuadro afectivo pueden intercalarse manifestaciones psicóticas no congruentes, como delirios paranoides o alucinaciones.
  • En los trastornos orgánico-cerebrales. Si el trastorno no es masivo, puede tratarse de una reacción psicológica vital en el contexto de una debilitación del control afectivo e intelectual, como ocurre en las demencias incipientes. Otro tipo de manías de origen orgánico son sintomáticas, farmacológicas, metabólicas y neurológicas. En algunos casos, este síntoma recibe un nombre específico, como en el caso de la alegría insulsa de los pacientes frontales, denominado “moria”. 

En próximas entradas en mi blog hablaré de otra psicopatología de la afectividad como es la tristeza patológica, en contraposición a la alegría patológica de la que os acabo de hablar.

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