El RDO: reforzamiento diferencial de otras conductas

Llevo tiempo queriendo realizar un resumen lo más sencillo posible sobre una cuestión muy interesante como son las técnicas operantes para la reducción o eliminación de conductas. Se trata de técnicas que pueden resultar muy útiles, sobre todo cuando nos ocupamos de niños.

Existen tres procedimientos básicos para eliminar conductas: el reforzamiento diferencial de otras conductas, la extinción y el castigo.

El reforzamiento diferencial de otras conductas es un procedimiento que evita el reforzamiento de la conducta indeseada a cambio de reforzar conductas alternativas. Dicho así dicho parece un poco confuso, pero vamos a verlo con ejemplos.

Dentro del reforzamiento diferencial de otras conductas podemos encontrar:

  • Reforzamiento diferencial de conductas incompatibles (RDI).  Consiste en reforzar una conducta que es incompatible con la conducta a eliminar. Por ejemplo, imaginemos que queremos eliminar la conducta de morderse las uñas; en este caso,  cada vez que se inicie esa conducta, reforzaremos con dibujar o con cualquier otra actividad que implique utilizar las dos manos.
  • Reforzamiento diferencial de conductas alternativas (RDA). Cuando es imposible encontrar respuestas incompatibles con la conducta-problema tenemos que buscar conductas alternativas. Por ejemplo, jugar al balón o leer son conductas que no son incompatibles con ver la televisión, pero pueden competir con ella.
  • Reforzamiento diferencial de conductas funcionalmente equivalentes. Reforzamiento de conductas alternativas a la conducta-problema que, si bien permiten alcanzar las mismas metas, lo hacen de forma más adecuada para reducir la frecuencia de emisión de la conducta indeseable. Lo vemos más claramente con un ejemplo: imaginemos que una niña tiene hambre y quiere comer, pero lo pide chillando o llorando; en este caso tendríamos que reforzar cualquier otra conducta que implicara mostrar su deseo de comer, pero de forma adecuada.
  • Reforzamiento diferencial de tasas bajas de respuesta.  En este caso, cuando la frecuencia de la conducta inadecuada es muy alta o cuando hay pocas conductas alternativas, el reforzamiento puede ser más efectivo. Imaginemos que nos encontramos con un caso de emisión de conducta verbal malsonante (un niño que continuamente dice palabrotas). En estos supuestos puede ser más efectivo aplicar reforzadores cuando se reduce la frecuencia de la emisión, que esperar a que se den en las mismas situaciones, respuestas verbales más apropiadas. O un niño que se levanta continuamente de la mesa; en este caso, una reducción pactada en el número de veces que se levanta de la mesa sería reforzada, además distanciando cada vez más el reforzador hasta reforzar únicamente el no levantarse de la mesa ninguna vez.

Como casi todo, podemos encontrar ventajas y desventajas en el RDO. Podríamos afirmar que una ventaja importante es que resulta muy fácil su implementación y su éxito. Entre las desventajas encontramos la lentitud en la reducción de la conducta-problema, principalmente a causa de la dificultad, en ocasiones, de encontrar conductas alternativas adecuadas. Podría reducirse solo parcialmente la conducta a eliminar, pero no deja de ser una técnica interesante combinada con otras y, como siempre, depende del caso en cuestión. Ya sabemos que no todo vale para todo el mundo.

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