Las transiciones y la importancia del Orientador Profesional

En la vida de las personas se suceden muchas transiciones como periodos-puente hacia cambios. La intervención orientadora se basa en los principios de prevención, desarrollo, intervención social y potenciación. Como escenarios, tenemos el sistema educativo formal, el mundo organizacional-laboral y el ámbito socio-comunitario.

Las transiciones no ocurren de modo súbito. Necesitan de periodos de adaptación en los que se ponen en marcha habilidades y mecanismos como preparación al cambio, reflexión, toma de decisiones, adaptación y desarrollo personal.

Las generaciones más jóvenes han tenido acceso a mejor educación y mayor facilidad para adaptarse a los cambios, pero los obstáculos para entrar en el mercado laboral son cada día mayores.

La pérdida del empleo a edades superiores a los 45 años se ha convertido en un hándicap, pues la larga experiencia no alcanza a suplir la falta de cualificaciones actualizadas.

  • El paso entre una situación y otra, y el estado intermedio puede tener una duración más o menos larga en el tiempo.
  • Tendremos cambios o transformaciones más o menos profundas.
  • Estos cambios pueden incidir en el comportamiento, en las relaciones con los otros, en el autoconcepto, la personalidad, el modo de ver la vida. Sitúa al individuo en un cierto estado de disonancia que le puede afectar positiva o negativamente.
  • Genera, en mayor o menor medida, conocimiento y experiencia, lo que puede contribuir a desarrollar diversas competencias.
  • Supone adoptar un nuevo rol hacia el que se transita y adaptarse. Puede afectar a la posición social, económica y a la vida familiar.

Las transiciones más habituales son:

  • Transiciones académicas y formativas:
    • Al finalizar la ESO. Una de las decisiones más importantes es la de seguir estudiando o la de incorporarse al mercado laboral.
    • La transición hacia los ciclos formativos es muy compleja. Hasta hace poco  tiempo, la Formación Profesional se ha considerado como una opción de segunda clase, pero hace que se encuentren menor dificultad para lograr un empleo.
    • El paso a la educación superior. Elección de una carrera universitaria o un ciclo profesional.

En estas etapas es imprescindible la exploración del “yo” y de las profesiones, información, ayudas…

  • Transiciones profesionales:
    • Transición al primer empleo. Si entendemos esta idea como un empleo suficientemente satisfactorio a tiempo completo, esta transición se dilata considerablemente en el tiempo y puede durar años para muchos individuos.
    • Transición de un empleo al desempleo. Frecuente, sobre todo en las primera etapas, suele ser forzada. La pérdida del trabajo produce desasosiego, enfado, estrés, ansiedad, inseguridad y distintos trastornos psicológicos, con sus consecuencias económicas, familiares y sociales.
    • Transición del desempleo al empleo. No siempre supone una progresión satisfactoria, a veces representa retrocesos.
    • Transición de una etapa inactiva al empleo. Es el caso de muchas mujeres que se reincorporan al mercado laboral tras una etapa más o menos larga de dedicación al cuidado de sus hijos o bien de algún familiar, o un problema de salud, periodo de privación de libertad…
    • Transición de un empleo a otro. Reorientaciones laborales o profesionales.
    • Transición a una etapa de formación continua. Pequeñas formaciones o tratarse de procesos más largos.
    • Transición a la etapa post-laboral. El paso a la jubilación no siempre se resuelve de forma satisfactoria.

Orientar para las transiciones.

Se considera tanto la trayectoria anterior como el desarrollo probable. Se utilizan tests estandarizados, entrevistas, observaciones, balance de competencias… Estas potencialidades se evalúan desde su valor en el mercado. 

Las acciones en favor de la empleabilidad se han de plantear  poniendo el acento sobre las características personales. Los esfuerzos se han de centrar sobre todo en:

  • Incrementar la formación y calificación profesional.
  • Desarrollar las competencias de búsqueda de empleo.
  • Ayudarles a adaptarse, a identificar y aprovechar las oportunidades.
  • Acompañarles en el proceso de búsqueda de empleo.

Hay una cierta estigmatización del parado, por lo que es necesario avanzar en políticas de empleo, mejorar la situación económica de conjunto e incrementar la oferta de empleos.

La labor del Orientador Profesional es fundamental para acompañar a las personas en dichas transiciones.

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