La utilidad del ejercicio físico en el tratamiento o la intervención psicológica

Además de los beneficios en la salud física, el ejercicio es un amortiguador del estrés, puesto que actúa reduciendo el impacto de los sucesos estresantes.

Después de aproximadamente media hora de haber hecho deporte, se produce una disminución de la ansiedad, especialmente de la activación fisiológica. El efecto relajante se produce cuando el ejercicio es de intensidad moderada pero no resulta agotador. De hecho, se ha calculado que, alrededor del 12% de los casos de ansiedad y depresión, se explican en gran medida por un estilo de vida sedentario. Y se ha considerado en el ejercicio físico regular un “efecto sedante” natural más eficaz que algunos tranquilizantes, con un periodo de relajación post-ejercicio que duraría unas cuatro horas. El ejercicio acuático, particularmente en agua caliente, incrementa los indices fisiológicos y los estados psicológicos de relajación. De esta relajación a través del ejercicio físico se benefician más las personas que presentan una activación somática que las que presentan una activación con mayor componente cognitivo.

Algunas de las hipótesis sobre los beneficios psicológicos del ejercicio físico sobre la tensión nerviosa señalan que éstos pueden deberse a que el ejercicio provoca cambios en:

  • La temperatura corporal, cuyo aumento produce un efecto relajante inmediato.
  • Reducción de la activación muscular.
  • Facilitación de la transmisión neuronal a través de la noradrenalina, serotonina y dopamina, que favorecen la liberación de opiáceos endógenos.

Diversos estudios indican que el ejercicio físico también reduce los síntomas depresivos y mejora el estado de ánimo, llegando a concluir que en personas mayores podría considerarse como un tratamiento alternativo a la depresión.

Los mecanismos que actuarían entre el ejercicio y la mejora del estado de ánimo serían:

  • La sensación de control sobre el propio cuerpo.
  • Un estado de conciencia más relajado.
  • Una forma de distracción y diversión que puede apartar a la persona temporalmente de vivencias desagradables.
  • Exposición a los síntomas físicos del estrés, sin estar este presente.
  • Aumento del refuerzo social, que puede ser tan importante o más para la salud mental como la cantidad de ejercicio que se realiza.

El ejercicio físico puede usarse como recurso adjunto a la intervención, para potenciar los cambios y mejorar la calidad de vida en:

  • El tratamiento de la obesidad.
  • Depresión.
  • Tratamiento del tabaquismo, alcoholismo o drogas.
  • Enfermedades multietiológicas como el síndrome de fatiga crónica.
  • Determinadas enfermedades médicas y algunas con trastornos del estado del ánimo comórbidos como diabetes, cardiopatías…

En conclusión, además de practicar deporte para encontramos bien físicamente, debemos ser consientes de que esta práctica, con moderación, también mejorará nuestra salud psicológica.

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